Los posos del café evocan

la amargura de tu ausencia.

 

Dolor vacío y cruel

de índole inexperta.

 

Reflujo de un placer muerto y podrido

en este bar sin ventanas.

 

Dónde guardo la esperanza de que a ti

llegue este triste espectáculo de palabras.

 

De que en ti mi recuerdo

no haya muerto todavía.

 

Y hacerme temblar

con el indecible placer que es saber que tú me leas.

 

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